Dejó la tela en el caballete. Pincel en mano se acercó al borde y miró.
La fugacidad. la estúpida fugacidad.
Lo habia visto todo, pero la tela quizas no. La tela no habia visto nada.
La tela solia pensar mucho mas que él a final de cuentas.
Volvio junto al caballete.
Contempló la pintura del acantilado y un hombre en el limite.
Cubrió la figura del hombre con un trazo de cielo y redondeó las nubes.
Eran la misma cosa.
Y continuó pintando: el cantilado sin el hombre, las nubes, el cielo y el mar.
La fugacidad, La maravillosa fugacidad.
-GMD-
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