lunes, 17 de febrero de 2014

El hombre que dibujó las rocas | Alan Jiménez

Lo vio caer desde lo alto del acantilado. Golpearse contra las rocas. Hundirse en el mar.

Dejó la tela en el caballete. Pincel en mano se acercó al borde y miró.


La fugacidad. la estúpida fugacidad.


Lo habia visto todo, pero la tela quizas no. La tela no habia visto nada.


La tela solia pensar mucho mas que él a final de cuentas. 


Volvio junto al caballete.


Contempló la pintura del acantilado y un hombre en el limite.


Cubrió la figura del hombre con un trazo de cielo y redondeó las nubes.


Eran la misma cosa.


Y continuó pintando: el cantilado sin el hombre, las nubes, el cielo y el mar.


La fugacidad, La maravillosa fugacidad.

-GMD-

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