Esta es la típica historia de un amor imposible, separado por los padres de algún amante.
Recuerdo ese día en el que Nikté y yo juramos amor eterno bajo la Ceiba Sagrada de la ciudad. Mi padre me había escogido como esposa a una princesa de tierras lejanas, algún día yo debería ser el rey de Palenque; pero mi corazón ya había decidido, yo estaba perdidamente enamorado de Nikté.
La última noche que la vi, fue como todas aquellas noches, en las que bajo la luz de las estrellas, Nikté y yo escapábamos de todo y corríamos al Cenote Sagrado. Ahí, junto al espejo de agua, declarábamos una vez más nuestro amor. Sin embargo, esta vez no fue así.
La nana del palacio, me advirtió que mi padre tenía entre manos un malévolo plan para deshacerse de Nikté, una plebeya nunca se convertiría en la reina de Palenque. Mandé a la nana a buscar a Nikté, planeaba hacerla mi esposa en secreto, sin embargo, mi padre la asesinó, el mensaje nunca llegó a Nikté.
Al ver que la nana no volvía, me puse mi capa roja y me interné en la selva, algo me decía que mi amada estaba en peligro.
Cuando llegué al cenote, Nikté se contemplaba en el quieto espejo, el cual le devolvía la imagen de su belleza. Respiré aliviado, corrí a abrazarla. Sin embargo, esta historia no tiene un final feliz.
El Gran Sacerdote -mi padre- aguardaba en la oscuridad, a la sombra de la selva. Preparó su arco y flecha, y sin esperar más, dirigió la flecha más envenenada al corazón de Nikté, atravesándolo de un golpe.
Nikté, con la fuerza del flechazo, cayó inerte dentro del Cenote Sagrado, hundiéndose rápidamente, desapareciendo de mi vista... Solo flotaba su blanco huipil.
Lloré amargamente, lanzaba gritos lastimeros. Culpé a los dioses de ese cruel fin de nuestro amor, pedí compasión, no quería perderle, yo quería estar siempre con ella.
Y así fue. El blanco huipil se convirtió en una hermosa y aromática flor. Yo, por mi parte, me convertí en un ave roja.
Y así es que todas las mañanas se aprecia al pájaro cardenal bajar a los cenotes y posarse muy cerca de los lirios. Sigue cantando sus canciones de amor. Canciones para la flor del agua, la flor de luna.
-Alan Jiménez
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