EN EL CAPÍTULO ANTERIOR...
Subimos y subimos, y finalmente llegamos a un lugar de ensueño: el mundo de los ponis.
¿Cómo podíamos tener el descaro de llegar a interrumpir ebrios como estábamos? Avanzamos con nuestros dragones hacia aquella villa en las nubes, los estacionamos y nos bajamos decididos a comer, (por supuesto, Hermione estaba hambrienta). Di un paso en falso y resbalé del dragón. De un momento a otro me encontré cayendo, aquél lugar en las nubes se hacía cada vez más pequeño.
Cuando por fin abrí los ojos, dos siluetas borrosas me observaban con curiosidad.
―¿Estás muerta? ―preguntó un hombre vestido de una manera muy excéntrica; vestía un extraño tocado en la cabeza (¿eso era su cabello?), usaba ropa toda de un mismo color y tenía la cara maquillada.
―Pero que tonto eres Jan, ¿tu crees que si estuviera muerta estaría respirando y observándote de esa manera? ―La mujer que estaba con él, vestía de la misma manera extraña; tenía el cabello echo plastas en la cabeza, usaba un vestido rosa lleno de extrañas figuras y su pálida cara estaba totalmente rayada con un delineador negro.
―¿En dónde estoy? ―Atiné a decir. Estaba totalmente confundida, lo último que recordaba era a mi cayendo de las nubes... ¿Había sobrevivido?
―Estás en el Capitolio querida ―me dijo la mujer con tono amable ―. Por cierto, mi nombre es Abi, y mi amigo es Jan.
―¿En el Capitolio? ―Pregunté. A mi no me interesaba sus nombres, no estaba ahí para hacer amigos; sólo quería volver a Hogwarts y ver a mis beffis hechiceros.
―El Capitolio de Panem ―dijo Jan ciertamente molesto ―. Pero que desubicada estás primor.
―Por supuesto que estás desubicada ―Abi alborotaba los brazos como si yo hubiera hecho alguna desgracia ―. Mira nada más que ropucha llevas puesta, ¿acaso vienes de una fiesta de halloween?
Abi y Jan rieron tan alto como pudieron. La gente que volteaba a verlos, me veía con un asco notable.
―¿Qué tiene de malo mi ropa? ―pregunté indignada―. En Hogwarts todos vestimos así.
―¿Jogüarts? ―preguntó Jan con cierto desconcierto.
―Hogwarts ―repetí yo― ¡el colegio de magia y hechicería! ―Era incapaz de creer que aquellos sujetos no conocían la famosa institución.
―Vaya, así que es verdad lo que Katniss dijo ―Abi miraba a Jan con un gesto de miedo ―. Potter y sus secuaces vienen a la guerra.
―Apuesto a que es una espía ―dijo Jan a Abi, señalándome con el rabillo del ojo ―. Irá con Potter a informarle nuestra situación. Lo mejor será que Katniss decida que hacer con ella.
¿Katniss? Yo conocía a Katniss. ¿Era posible que ella mintiera así? Apuesto a que sí. Ella nunca le quitaba el ojo a mi Harry, haría lo que fuera por adueñarse de él.
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―Lo mejor será ir a buscarla justamente abajo de nosotros, en la tierra ―dijo Harry.
―Sería lo más lógico ―asintió Hermione.
―Es lo más estúpido ―dijo Ron ―. Lo lógico es que por lo flaca que está Ludovica, el viento se la llevara muy muy lejano.
Hermione y Harry se miraron desconcertados, la idea de Ron era de lo más idiota, pero tenía razón. Irían a buscar a Ludovica al reino de Muy muy lejano.
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Abi y Jan me arrastraron de los brazos, yo estaba adolorida así que no forcejeé. Harry vendría a buscarme, estaba segura que con su inteligencia vendría directo a Panem.
Durante el caminó, yo observaba aquél extraño mundo llamado Capitolio de Panem. Era un lugar de lo más exótico. Millares de personas con atuendos coloridos contrastaban con impactantes edificios y espacios comunes. Había extraños rectángulos con imágenes en movimiento por todas partes, pero no se parecían en nada a los cuadros de las escaleras de Hogwarts, conocidos porque su pintura vivía.
Llegamos a un lugar que parecía una estación de ferrocarril, solo que tenía el aspecto de ser 1000 años más moderno. Los vagones tenían el aspecto de ser muy elegantes, sin embargo a mi me encerraron en una pequeña cabina sin ventanas, me senté en el único asiento del compartimento. Una camarera se acercó a mi y me preguntó con tono amable:
―¿Este es tu primer viaje?
―Sí ―contesté.
―El primer viaje suele ser el más duro ―me dijo con una sonrisa forzada ―. Normalmente podemos ofrecer comida, pero tengo la orden de no darte nada, lo siento.
―No te preocupes ―le contesté con tono de decepción.
La camarera caminó hacia la parte trasera de mi asiento y ató mis muñecas a la silla con unas cadenas. Después bajó un casco y así me dejó inmovilizada.
―Tu viaje sólo durará una hora ―dijo como si aquello me aliviará de mis ataduras ―Por cierto, me llamo Solia.
No dije nada. Tenía miedo, me sentía incomoda y me faltaba el aire. Minutos después el tren comenzó su camino. No había ventanas para admirar el paisaje que hubiera fuera. No podía calcular la velocidad, pero tenía el presentimiento de ser muy rápida, y ni siquiera se oía un solo ruido del motor o del escarpado terreno. Sin duda alguna, en Panem tenían una increíble tecnología.
Cuando llegamos, las cadenas habían dejado marcas en mis muñecas y tenía dificultad para caminar. Supe que estábamos en el 'Distrito 5' porque así decía la estación a la que llegamos. Katniss era del Distrito 12, así que debía estar haciendo algún tipo de viaje.
Cuando llegamos con ella, estaba hablando frente a un grupo de gente -la mayoría hombres-, que vestían uniformes militares y tenían pintados en las mejillas dos líneas negras.
Noté que en los distritos la gente no vestía tan horrible como en el Capitolio, era un alivio.
―¿Qué hace ella aquí? ―preguntó Katniss a Abi y Jan cuando nos vio.
―Era verdad eso de la conspiración de Potter hacia Panem, está mujer es una de sus espías ―dijo Abi a Katniss con tono seguro.
―Los dos son unos idiotas ―alardeó Katniss ―. La conspiración era una mentira, ambos son unos inutiles.
Una sonrisa picara se dibujó en mi rostro, habría algunas confesiones ahí, lo cuál me traería jugosos chismes para contar en Hogwarts. Abi y Jan se miraban desconcertados.
―Sí ineptos, inventé eso de la guerra con Potter para darles a todos una excusa para atacar Hogwarts y dejar a todos los hechiceros vulnerables, entonces sólo yo podría mantener a Harry con vida y el me estaría eternamente agradecido. Pero ustedes son unos inútiles y además tengo cosas más importantes que hacer, como ven, encabezaré una revolución.
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Harry, Hermione y Ron llegaron al reino de Muy muy lejano. Un lugar donde todos los cuentos de hadas cobraban vida. Entraron volando en sus dragones por la avenida principal y la gente corría horrorizada.
―Tendremos que emplear un método más casero si queremos encontrar a Ludovica ―dijo Harry ―. De lo contrario la gente querrá matarnos por considerarnos una amenaza.
―Sin embargo, ―comenzó Hermione ―sería mucho más fácil encontrar a Ludovica desde el cielo.
―Chicos... ―Ron señaló hacia adelante. Por platicar distraidos, no se fijaron que sus dragones volaba hacia las torres filosas. Hicieron maniobras evasivas de emergencia, pero el dragón de Ron fue herido por uno de sus puntiagudos techos, desplomándose muerto.
―Increíble ―dijo Harry ―. Al parecer hoy es el día de la caída libre.
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Abi y Jan estaban totalmente furiosos con Katniss por aquella revelación. Así que se ofrecieron a acompañarme de vuelta al Capitolio donde podríamos buscar a mis amigos. En el camino, venían completamente abatidos.
―Como pudo pasarle esto a Katniss ―Comentaba Abi con tono triste ―. Esa no es la Katniss que conocí.
Yo escuchaba con atención. Al parecer Katniss no era la misma bruja que era ahora.
Esta vez el viaje en tren fue mucho más distinto. Viajamos en compartimentos lujosos, pero sin embargo no eran las cabinas VIP. Las ventanas ofrecían una vista magnifica hacía los paisajes que em había perdido en el primer viaje. La velocidad del tren era increíble y la comida era deliciosa.
Llegamos al Capitolio y me maravillé de nuevo de sus estaciones. Siempre había gente loca ahí.
Caminábamos hacía la salida y un revuelco de empujones y gritos de la gente nos hizo girarnos para ver que sucedía. Lady Salsa estaba al otro lado de las ''vías'' del tren. Saludaba a la gente y se decidió a bajar a las vías para cruzar al otro lado. El tren que venía en dirección contraría a la que llegue yo venía arribando a la estación. Los gritos de la gente no dejaron que Lady Salsa escuchara al tren. Ella supuso que eran gritos de emoción. El tren no pudo parar. Lady Salsa estaba muerta.

Mataste a Lady Salsa D:
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