Escape.
En el capítulo anterior...
No volvería a sentir esa petrificante mirada jamás. Mi historia no incluiría un cuento de terror donde estaba encerrada en un barco con un asesino loco y terminaba en ríos de sangre corriendo por los pasillos. Eso pensé yo. Eso hubiera querido que pasara yo.
--1--
Cierro la puerta tras de mi y me siento aliviada en el suelo. Estoy en mi casa, y estoy a salvo. Me levanto después de recuperar el aliento, vengo prácticamente corriendo desde Miami. Tomo mi equipaje y subo las escaleras hasta mi habitación.
Entro y dejo mis maletas en el suelo, corro hasta mi cama y siento el suave edredón bajo mi piel. Después de semanas durmiendo en la litera del crucero siento la comodidad de mi cama.
Bajo a la cocina y busco algo de comer. Salgo al jardín con quesitos en un plato y contemplo el cielo. Extrañaba el clima de Atlanta. Se escuchan risas en la calle y me siento en el pasto comiendo quesitos. Hacia mucho no sentía ésta tranquilidad.
Vuelvo dentro y subo las escaleras hacia mi habitación. Me desnudo y tomo la toalla para tomar una ducha. Entro en el cuarto y veo a mi novio dentro. No recordaba que tenía uno. Está desnudo, pero no está solo. Hay una chica ahí dentro con él.
--2--
En un segundo la chica se esconde detrás de la cortina de baño y mi novio me mira impasible. Sujeto la toalla contra mi pecho y me quedo con expresión de asombro.
—Vi... Vic... Victoria —me dice mi novio intentando sonreír naturalmente.
En ese momento la chica que ahora está vestida con un camisón y unos pequeños shorts sale corriendo, y en el camino a la puerta me observa con miedo, hay algo en mi que le aterra.
Y ahora estoy sola con mi novio. Y no sé que hacer.
—Puedo explicarte... —comienza diciendo mi novio.
—Vaya Gustavo —logro articular sin saber lo que estoy diciendo, —eso es lo que dicen todos —Sonrío. —Descuida, vamos abajo y me ''explicas'' que es lo que pasó.
Tiene una mirada nerviosa e inquietante, asiente mi propuesta y le pido que me espere abajo. Voy al closet para vestirme y elijo un vestido color escarlata que me cae ondulado desde la cadera hasta los tobillos. Me agarro el pelo en una coleta y me acomodo el fleco de la cara. Veo un collar de perlas y me lo pongo sin dudar, también me pongo un poco de brillo labial y rímel.
¿Qué estoy haciendo? Ahora estaba en mi habitación vestida para una fiesta formal y me había maquillado. Algo dentro de mi me obligaba a hacerlo. Baje las escaleras y lo vi sentado en la sala de estár mirándose las manos. Escuchó el ruido de mis tacones en la escalera de madera y volteó con mirada estupefacta.
—Estás... estás hermosa Victoria —balbuceó.
—¿Quieres una copa de vino, querido? —le pregunto desde la cocina. No espero su respuesta, sirvo dos copas de vino blanco y voy a sentarme con él.
Me siento frente a él y lo observo. Ahora está vestido con un traje rayado color café y lleva un chaleco y una boina del mismo color. Su camisa es blanca.
—Así que, ¿qué es lo que querías decirme? —le pregunto.
—Ana es solo una amiga... —comienza a decirme.
—Oh, vamos Gustavo, ¿esperas que te crea eso? Acabo de verte cogiendo con tu amiguita en mi regadera.
Gustavo se quedó callado con los ojos clavados en el suelo como cuando un niño es regañado por su madre. No me conocía capáz de hablar así.
—Pero podemos arreglar esto, querido.
—¿De verdad podemos? —Me preguntó con un dejo de esperanza en su voz.
—Claro que si, es de lo más fácil. Solo se necesita hacer una cosa.
—¿Y que es esa cosa? —Preguntó Gustavo cada vez mas animado.
—Voy a matarte.
--3--
Meto el cadáver en la tina de baño y el agua se tiñe de rojo de inmediato. Su cuerpo flota en el agua y me da asco, así que bajo de nuevo al salón para terminar de limpiar las manchas que quedaron por el piso.
Tomo el cuchillo que está en la mesa de centro y lo lavo para limpiarle esas feas manchas rojas opacando el brillo del metal. Ese mismo cuchillo había sido con el que había matado a Gustavo un momento atrás.
Me siento de nuevo y termino de beber mi copa de vino blanco. No sé que fue lo que acabo de hacer. Antes de llegar a casa tenía miedo de ser asesinada por un hombre acosador, y ahora me encontraba en mi sala bebiendo vino blanco después de asesinar a mi... ex novio.
Caminé hacia las cortinas que cubrían las grandes ventanas de la pared de enfrente y me dispuse a abrirlas. Quería sentir el aire fresco de afuera y que el viento se llevara con él lo que había pasado en esta habitación.
Abrí las cortinas transparentes con estampados de flores y fue entonces que lo vi. Mi mirada se encontró con la suya, oculta entre las cortinas de la casa de al lado, y ahí permaneció, mirándome fijamente, desquiciadamente, mientras el aire agitaba mi cabello, ondulaba mi vestido y soplaba terroríficas ideas a mi mente. No solo me había seguido, sino que también me había visto matando a Gustavo.
--4--
Cerré las cortinas y corrí por toda la casa cerciorándome de que puertas y ventanas estuvieran cerradas. Probablemente dentro de poco tiempo llegaría la policía a mi casa. Subí a mi habitación y me puse un traje de lana color café con hombreras y falda de flauta que me llegaba hasta la rodilla, no podía salir de día con mi traje de noche, y menos cuando mi único pensamiento era huir.
Tomé un sombrero y mi bolso con algo de dinero y salí a la calle. Miré a ambas direcciones preguntándome hacia donde iría, pasé corriendo frente a la casa donde había visto al hombre, donde anteriormente vivía la familia Robinson... ¿qué estaba él haciendo ahí?
Corrí hasta llegar a la estación del tren, era un mar de gente. Me formé en la taquilla en la fila más corta que encontré, y sin embargo era la fila más larga que había visto. Cuando por fin llegué la chica de la ventanilla preguntó mi destino. No lo había pensado, no sabía a donde ir. ''Quiero el boleto para la salida más próxima'' fue lo que le dije. No escuché a la chica cuando me dijo el nombre del destino.
Corrí al andén y el tren ya estaba ahí esperando el momento para partir. Subí al último vagón y descubrí que estaba vacío, así que me senté y cerré las cortinas. Faltaban 15 minutos para que el tren se pusiera en marcha. Estaba a punto de dejar mis cosas y mi hogar por culpa de ese hombre. El tiempo transcurría lento y los nervios se apoderaban de mi. Asomé la cara por la cortina para ver la estación, y ahí estaba el. Mirando a todas partes y preguntando a la gente haciendo gestos.
Cerré la cortina de nuevo y me aplasté contra el asiento, tenía miedo. Finalmente se escuchó el motor del tren y comenzamos a avanzar primero muy lento, hasta que después la velocidad aumentó y se estabilizó. Respiré aliviada, al fin me estaba alejando de aquel sujeto. No era tan tarde, pero sentía el calor infernal del sol de la tarde dando contra la ventana. En unas horas anochecería, y yo ni siquiera sabía a donde me dirigía, así que no sabía cuando tiempo estaría ahí.
Busqué en mi bolso algo con que distraerme y afortunadamente me encontré el libro que había estado leyendo en el crucero y que no había terminado. Me puse a leer y cuando terminé el libro me di cuenta que había anochecido. Miré por la ventana y no vi absolutamente nada, solo oscuridad y luna.
--5--
Después de mucho pensarlo, decidí recorrer todo el tren, tenía que asegurarme que el hombre no viniera conmigo. Me armé de valor, tomé mis cosas y abrí la puerta hacia el primer vagón.
Había solamente una señora con un bebé y un hombre viejo con una barba blanca que estaba leyendo el periódico. Continúe al siguiente vagón y me encontré con un joven que se quitó el sombrero cuando pasé y me saludó y sentada en frente de él había una mujer que dormía. Esa mujer me llamó mucho la atención. Su cabello era cobrizo y su piel blanca. Su rostro transmitía serenidad y paz. Ojalá yo pudiera dormir como ella lo hacía.
Pasé al siguiente vagón y encontré solo a un hombre que vestía de negro. Tenía un sombrero de ala ancha que le cubría el rostro así que no pude saber su edad ni como era.
En ese momento entramos a un túnel. Las luces del tren comenzaron a parpadear y de pronto el tren se sumió en la oscuridad. Atravesamos el túnel sin luz. Escuché al hombre lanzar un resoplido y mis manos buscaron en la oscuridad algo de que agarrarse.
—Dicen que es normal que se vaya la luz cuando se entra en un túnel —dijo el hombre.
Guardé silencio.
—Di algo Victoria. Tu silencio solo me dice una cosa.
—Di algo Victoria. Tu silencio solo me dice una cosa.
Me quedé estupefacta. Ese hombre sabía mi nombre, y yo no sabía quién era él. Estaba en desventaja, además de estar en medio de la oscuridad sin saber siquiera como era su rostro.
—Qué cosa es lo que le dice mi silencio, señor —logré preguntarle.
—Sé lo que estás sintiendo —me dijo con total serenidad.
—¿Y qué es lo que siento? —pregunté confundida.
—Miedo.
Me sujeté con más fuerza del asiento que tenía detrás y me senté. Ese hombre me inspiraba miedo; el mismo miedo que solo alguien me había hecho sentir antes.
—Sin embargo nos encontramos ante una desventaja —le dije con una valentía desconocida para mi. —Usted sabe quién soy yo, pero yo no sé quien es usted.
—Permítame presentarme —me dijo. —Me llamo Javier, llevo siguiéndola desde mucho antes de que usted me viera por primera vez en un crucero.
Volvió la luz y mi corazón latía a mil por hora. La luz blanca me cegaba y no me dejaba ver, sin embargo pasó el tiempo y lo único que veía era un resplandor blanco por todas partes, y jamás volví al tren, ni vi la cara del hombre, ni supe que había pasado conmigo. Entonces algo me trajo de vuelta a la realidad, sofoqué un grito cuando abrí los ojos y desperté.
--6--
Despierto y estoy sentada en un sofá marrón. Mi traje de lana estaba mojado y mi mano sostenía una copa vacía sobre mi regazo. Siento el calor de la chimenea y puedo ver por la oscuridad de la habitación que es de noche. Miro hacia el frente y me encuentro al mismo hombre de siempre sentado en el sofá. Sonríe al ver mi mirada perdida encontrándose con la suya.
—Al fin despiertas, Victoria —me dice Javier con cierta alegría. —Temía que no lo hicieras nunca y entonces no sería divertido.
—¿Qué... qué hago aquí? —pregunto.
—Estás aquí por cosas del destino —me dijo filosofando. —Por sentimientos humanos de lo más mundanos. Por amor, por deseo, por egoísmo, estás aquí porque soy adicto, vicioso, deseoso de ti.
Increíble, el asesino del cual estuve escapando en los últimos días se había enamorado de mi, y yo era consciente de ello.
—Por cierto, no tienes mucho tiempo —comenzó a decirme. —La bebida empezará a hacer efecto, dentro de 3 minutos ya no podrás moverte, y a los 5 no podrás hablar —me dijo con una sonrisa natural en el rostro. —Pero no nos apresuremos a morir aún, la noche es joven, querida.
Estaba estupefacta, petrificada, asombrada, asustada, triste, nerviosa, nunca me equivoqué, ese hombre quería matarme, y ahora estaba sentada frente a él, con una copa con alguna extraña sustancia que terminaría por matarme.
—Tienes el teléfono ahí —me dijo señalándolo en una mesita al lado del sofá. —Puedes llamar a quién quieras.
Lo miré un segundo, mi rostro parecía aterrado y confundido, me levanté como pude y a medio camino caí al suelo, mis piernas no respondían, así que utilicé mis brazos y me arrastré llorando por el suelo de la habitación. Tomé el teléfono y llamé a emergencias.
—911, ¿cuál es su emergencia?
La voz sonaba lejana, perdida entre mi subconsciente. No pude contestarle, no podía hablar. Sentí una presión asfixiante en el cuello y me llevé la mano a la garganta. Mis gemidos se confundían con mi llanto, no quería morir. Sin embargo mi cuerpo se quedó petrificado en el suelo y mi voz calló para siempre. Pude ver la sonrisa de Javier mientras disfrutaba su copa de vino; mientras yo moría lentamente. Agonicé en silencio hasta que la cálida habitación se convirtió en negrura.
La voz sonaba lejana, perdida entre mi subconsciente. No pude contestarle, no podía hablar. Sentí una presión asfixiante en el cuello y me llevé la mano a la garganta. Mis gemidos se confundían con mi llanto, no quería morir. Sin embargo mi cuerpo se quedó petrificado en el suelo y mi voz calló para siempre. Pude ver la sonrisa de Javier mientras disfrutaba su copa de vino; mientras yo moría lentamente. Agonicé en silencio hasta que la cálida habitación se convirtió en negrura.
AGRADECIMIENTOS: Agradezco especialmente a Gustavo Martínez y Brissa Pérez por su invaluable ayuda para darle forma a este texto, y por la bellaca imagen que tenemos por allá arriba, cortesía de Tavo. Los amo:3
Así acaba ''Escape''. ¿Quieres más?

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